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Por Stephen Leahy

Carcasas de máquinas tragamonedas en Brasil  / Crédito:Clarinha Glock/IPS
Carcasas de máquinas tragamonedas en Brasil

Crédito: Clarinha Glock/IPS

 

UXBRIDGE, Canadá, (IPS) 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Las montañas de peligrosa basura electrónica crecen unos 40 millones de toneladas cada año. En China, India, Brasil y Sudáfrica el crecimiento de esos residuos serán de entre 200 y 500 por ciento en la próxima década, afirma un nuevo estudio.


Ese aumento sólo incluye los restos de televisores, computadoras y teléfonos celulares de uso interno, y no las toneladas de basura electrónica que se exportan a esos países, la mayoría en forma ilegal.

Las ventas de productos electrónicos minoristas han explotado en las economías emergentes, pero no hay capacidad para recoger los restos, reciclar los contenidos tóxicos y convertirlos en materiales valiosos, afirma el reporte “Recycling – from E-Waste to Resources” (Reciclando – De basura electrónica a recursos), publicado el lunes en Bali, Indonesia.
La publicación coincide con una reunión del Convenio de Basilea sobre el Control de Movimientos Transfronterizos de los Desechos Peligrosos y su Eliminación, que se inició el lunes.
Los restos de los teléfonos móviles serán en 2020 siete veces superiores a los de 2007 en China, y en India 18 veces mayor.
China ya produce 2,3 millones de toneladas, detrás de Estados Unidos, con unos tres millones de toneladas. Y pese a que prohibió la importación de esta basura, China sigue siendo el principal destino de estos residuos procedentes de los países ricos.

“Este informe muestra la urgente necesidad de establecer procesos obligatorios, formales y ambiciosos para recoger y disponer de esta basura en instalaciones amplias y eficientes en China”, dijo en Bali el director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Achim Steiner.
“No sólo China afronta este desafío. India, Brasil, México y otros países también viven riesgos ambientales y sanitarios si el reciclaje de estos residuos tóxicos queda en manos del sector informal”, dijo Steiner.

No se trata de que no se necesite el desmote manual de los aparatos electrónicos, de hecho es una tarea esencial en muchos casos, sostiene Ruediger Kuehr, de la Universidad de las Naciones Unidas y secretario ejecutivo de la iniciativa Solving the E- Waste Problem (StEP, Resolviendo el problema de la basura electrónica), un consorcio de organizaciones no gubernamentales, industrias y gobiernos.

Pero el desarme manual debe hacerse de modo apropiado, en condiciones ambientales correctas, dijo Kuehr a IPS desde su oficina en Hamburgo, Alemania.

“El reciclaje electrónico es muy complicado, un teléfono puede tener entre 40 y 60 elementos diferentes”, sostuvo.

El oro es uno de esos elementos valiosos, y el reciclaje informal que se practica en China e India sólo logra extraer 20 por ciento de ese metal. En total, hay cientos de millones de dólares en los celulares que nunca se recuperan, según Kuehr.

Las sumas trepan rápidamente a miles de millones de dólares de valiosos metales que no se recuperan cuando se consideran los componentes de las baterías.

Explotar y refinar nuevos metales, plata, oro, paladio, cobre y otros, tiene grandes impactos ambientales, como una gran cantidad de gases de efecto invernadero arrojados a la atmósfera, indica el informe. Y algunos materiales se están volviendo escasos y por eso más costosos.

El desarrollo de un sistema nacional sólido de reciclaje es complejo, y sólo a base de financiación y transferencia de tecnología desde el mundo rico no funcionará, según el reporte.

La ausencia de una red amplia de recolección de estos residuos, sumada a la competencia del sector informal de bajo costo ha impedido el desarrollo de modernas plantas para esta actividad.

El informe, realizado en coautoría por la suiza EMPA, Umicore y la Universidad de las Naciones Unidas, todos miembros de StEP, propone facilitar la exportación de porciones de productos, como baterías o paneles de circuitos desde países pequeños hacia las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), procesadoras finales certificadas.

Las fábricas de recuperación de materiales en Europa y América del Norte que pueden extraer casi todos los metales valiosos son muy costosas y necesitan procesar una gran cantidad de residuos electrónicos para ser redituables.

Allí está la oportunidad de dar vuelta la cadena de suministros, con los países en desarrollo desarmando sus productos electrónicos y enviando los materiales para el reciclaje final y recuperación al mundo rico, según Kuehr.

“Recuperar elementos raros y valiosos como el iridio entraña un difícil proceso técnico. El mundo en desarrollo nunca tendrá recursos suficientes para construir sus propias fábricas. Se necesita una solución global”, alegó.

Pero hay muchos impedimentos para semejante solución, incluso el hecho de que algunos sectores de varios países están haciendo mucho dinero gracias a la actual ineficiencia, añadió.
La clasificación adecuada del material (¿es una computadora que ya no funciona y debe descartarse o podría ser reparada fácilmente y seguir usándose?) y un acuerdo internacional para establecer permisos son otros grandes obstáculos.
Pero está también la desconfianza sobre las declaraciones de los recicladores, la ausencia de certificación y de certeza de que los países que desmantelan los productos se beneficien al enviarlos a las naciones de la OCDE para su recuperación final.
“Necesitamos un sistema global, pero no tenemos una solución final sobre cómo llevarlo a cabo”.
 

 

En definitiva, la sociedad mundial necesita avanzar hacia la desmaterialización, donde el reuso domine por completo el reciclaje, que es intensivo en energía y en recursos, aun cuando no sea contaminante, según Kuehr.
La gente que compra computadores o teléfonos quiere en realidad servicios de informática y de comunicaciones, no productos físicos. El camino hacia el futuro es que las empresas posean los productos que ofrecen esos servicios y los actualicen una y otra vez, cerrando el círculo.
“Esto tiene más sentido en muchos aspectos”, concluyó el alemán Kuehr.